Still in Mexico, in the city of Querétaro, I was invited to a literature class by some friends. Here’s my exercise that I had to read in front of the class.
(Sorry is only Spanish! If anyone wants to translate it into English let me know.)
Querétaro, 21 de Marzo de 2006
Desemboqué en una calle amplia; allí se congregaba un montón de gente que parecía enfadada. Era una manifestación. No sabía si a favor o en contra ni tampoco a favor o en contra de qué, pero tenía poco que hacer y decidí sentirme enojado por un rato.
Me adherí cual sindicalista de pro a la cabeza de la marcha donde sus líderes entonaban ocurrentes consignas mostrando la capacidad creativa del pueblo mexicano especialmente cuando anda cabreado.
El puteo une, lo aprendí en la mili y a juzgar por la unanimidad en los cánticos de los manifestantes el puteo debía ser considerable.
Seguí pues protestando con el resto de mis nuevos compañeros cuando pasamos por delante del hotel Virrey de Mendoza con sus mesitas bajo los arcos, sus meseros y con sus gringuitos preguntándose por qué esta atracción no venía en su guía de viaje.
Recuerdo que un matrimonio gringo que por su aspecto tenía pinta de gozar de una muy buena pensión nos sacó una foto. Yo, y para no ser descortés les correspondí: les tomé una foto a ellos.
Continuamos hacia la catedral entonando consignas cada vez más creativas y explícitas lo que me permitió entender de qué iba protesta. Era algo de agua y tierra, de tierras y derechos, de derechos y escuelas y de todas las posibles combinaciones de dichos sustantivos.
La manifestación se detuvo finalmente delante del edificio de enfrente de la catedral que casualmente es el palacio del gobernador, o de alguien que manda mucho a juzgar por el número de ventanas y de policías.
Los que iban a mi lado en la cabeza de la manifestación subieron a un entarimado desde donde dirigirían las arengas de la masa enfervorizada. No tuve tiempo ni de dudar. A la vista de los organizadores yo era un líder representante de alguna organización cultural, sindical o escolar venida de algún rincón de Michoacán a reclamar algo. Asumí el rol hasta sus últimas consecuencias. Pasaron por mi cabeza los discursos de Companys, del Che, de Marcos y hasta las teleprédicas de Patt Robertson.
Me llegó inevitablemente el micro y puño en alto comenzaron a brotar las consignas solidarias que antes había gritado en la manifestación y algunas de las que había oido de mis predecesores.
A medida que la gente iba haciendo suyas mis consignas, que eran las suyas hechas mías, se me hacía más fácil hablar, de modo que impregnado del espíritu de reivindicación del ambiente y del síndrome del karaoke no solté el micro hasta que me lo quitaron.
Al rato bajé del estado mientras aún seguían los discursos, y observando al representante que tenía la palabra me vi a mí mismo unos momentos antes. ¿Había sucedido de verdad?
En mi computadora queda una foto de una pareja de jubilados gringos con el título “Manifestación en Morelia”.
Zero. Zilch. None. No commento.
No. No, you can't... STOP. Please don't go away. Please? No one's ever stuck with me for so long before. And if you leave... if you leave... I just, I remember things better with you. - Dory
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